Mis Palabras son su alimento

Hijos Míos, términos imprecisos, alusiones evidentes y toda otra ingeniosidad nacen del corazón que ama, de modo que en el ejercicio de su amor, el amante juega con palabras para atraer a su amado, para atarlo cada vez más. Es un arte que conozco muy bien y del cual hago no poco uso con el fin de dar a todos, aun cuando sea en diversa medida, posibilidad de llegar a Mi Corazón amante de los hombres. Y así, mientras más reacia es Mi criatura, más arte utilizo Yo, más finezas pongo por obra, para que con palabras y hechos, crea en lo que hay en Mí, crea en el fuego que arde en Mí por cada hombre que creo.

Por eso hablo suavemente, por eso noten que Mi discurso es refinado y dulce, además de muy penetrante. Si no hiciese así faltaría el atractivo y el hombre no se abriría a Mí. Este modo de actuar es todo Mío y el que Me imita, acoge en torno suyo a las almas, casi sin quererlo. Quien Me escuchó en la tierra sintió una música suave que lo atraía de modo misterioso. Mi Persona y Mi Palabra querían atraer con el más pequeño gesto y el menor discurso. Externamente aparecía lo que en lo interior se ocultaba y de todo el conjunto de Mis obras el pueblo obtenía su convicción de Amor. ¡Ah, si no hubiese permitido el odio de los responsables del Sanedrín, el pueblo no habría sido acarreado ante Pilatos y no Me habrían pospuesto a Barrabás!

Pero volviendo a Mis Palabras, digo que Mi Corazón, herido de amor, usa expresiones veladas y alusiones directas, con el fin de tomar en la red de Amor a todas las almas por las cuales He sufrido tanto. De este modo, los hombres que piensan en lo que digo, deberían examinarse para ver si Mis Palabras no quedan para ellos en simples sonidos, aun cuando armoniosos y bellos. Si fuese así —y Mi Gracia les advertiría— los hombres deberían buscar el porqué de tan gran daño para ellos. ¿Es dureza de corazón, o resistencia de mente? Vamos, piensen: ¿qué efectos producen en ustedes Mis Palabras? ¿Les parecen sólo música, no se
percatan de la sustancia que contienen? ¿No les brindan alimento? Si es así, entonces pueden estar tranquilos; pero si hoy las escuchan y mañana las olvidan, entonces para ustedes son solamente sonidos bellos y nada más. Es verdad que, a fuerza de oír la bella música, queda alguna nota en la memoria, pero les advierto que si no reflexionan en Mis Palabras, no las podrán asimilar y por tanto no les servirán de alimento
espiritual. Hablo a los devotos, no para los miserables que viven en el pecado y tampoco para los que Me aman, porque estos últimos han captado ya el sentido de este discurso, mientras que los míseros, es decir
los pecadores, tienen los oídos tan duros y el paladar tan áspero que no oyen ni saborean Mis Palabras.
Pero los devotos deben empeñarse más y, por lo mismo, tienen necesidad de meditar Mi Palabra, la cual es manifestación de Mí, y vida para ustedes todos.

Yo juzgaré un día a Mis elegidos y a los réprobos: todos se presentarán delante de Mí y de todo el mundo, del cual recibirán o aplauso o condena, según que Me hayan escuchado u olvidado. Los elegidos, junto Conmigo aplaudirán a los que hayan meditado sobre Mis Palabras. Pero sobre todos, Yo, Verbo eterno, daré a cada uno un premio proporcionado a la acogida que en la vida Me haya brindado. Ahora no juzgo sino en particular, pero un día todos Mis juicios serán públicos. Y entonces se verán personas desconocidas que suben a lo alto y hombres muy conocidos que descienden mucho. Todo será proporcionado al
amor o al desamor que ha tenido cada uno.
Por ello, si ustedes Me aman, reflexionen en lo que digo, sin lo cual no pueden amarme de verdad.

CS-82 13-Nov-97 Jesús

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