Oren por las almas del purgatorio

Ahora vamos a hablar del Purgatorio y de su por qué. Es admirable,
mucho más que toda imaginación humana, la espera de las almas
purgantes. Ellas han dejado la tierra donde podían encontrar la manera
de evitar el Purgatorio y saben que sólo de la tierra pueden recibir alivio
y salvación de todos los sufrimientos del lugar de la Justicia
purificadora.

Ustedes ignoran cuanto desean sus oraciones y cómo piden, sin que
ustedes, distraídos como son, puedan advertir sus invocaciones.
Es un lugar de ardor, de ferviente deseo, de tranquilo sufrir el
Purgatorio y quien se encuentra en él, volvería de buena gana hacia
ustedes a sufrir enfermedades, duelos, contrariedades, incomprensiones,
desilusiones, vejaciones y toda la gama de las miserias humanas.
Sí, aquel pariente o amigo, volvería de buena gana a la tierra y se
apoyaría en el desamor de ustedes con tal de evitar las acerbas penas que
ahora sufre por encontrarse en el lugar de la expiación.

Ahora les hablo así a ustedes que ya saben de estas cosas, no
solamente para recordarles cual es su deber con Mis queridas almas que
esperan, sino principalmente para advertirles que no pocos de los que
oigan o lean estas cosas, dentro de poco o un poco más de tiempo, se
encontrarán en las mismas condiciones en las que ahora se encuentran
las almas purgantes, puesto que pasarán del lugar donde se puede evitar
el Purgatorio futuro y sin más irán a hacer triste compañía en el lugar de
la súplica y del ardor espiritual.

Por eso su Jesús les advierte que preferiría no ser su Juez o carcelero,
pues quisiera tenerlos en seguida Conmigo en las delicias de Mi
Divinidad. Pero es necesario que para alcanzar este propósito cada cual
se esfuerce por cambiar la emoción interior en efectiva fuerza de
voluntad y que los obstáculos no los detengan, sino que sean para
ustedes verdaderos instrumentos para dar mayor arranque al camino
interior hacia la purificación del amor.

Nada ni nadie puede estar delante Mío si no es puro y ésta es la
razón de la existencia del Purgatorio: purificación de toda contaminación
producida por el amor propio. Va un ejemplo que los ayudará.
Imaginen que tienen un hijo y le piden que vaya a conseguir unos
helados. El obedece, por tanto merece aprobación y premio. Pero el acto
de obediencia no ha sido puro sino interesado, porque en el camino el
pequeño goloso prueba el irresistible helado. Así será alabado por su
obediencia, pero tendrá una corrección por la falta cometida. ¿No podía
esperar el regreso a casa para pedir un poco de aquel apetitoso helado?
¿Por qué tomarlo a escondidas, como si el padre no tuviera corazón para
dar un pequeño gusto a su hijo?

Así es cómo y por qué los hombres separan continuamente boletos
de ingreso al Purgatorio. Pero el que quiera evitarlo, escúcheme ahora
que puede, porque después —si se salva— no puedo garantizarle los
sufragios de aquellos a quienes vaya dejando en la tierra.
¿No ven cómo ustedes mismos son como fríos y de frágil memoria
respecto de las almas en pena? Por eso decía escúchenme ahora, porque
después quién sabe…

Aprendan y practiquen la obediencia para darme gusto. Les ruego,
no prueben el helado si Yo no se los digo, porque si viven y actúan para
darme gusto, Yo les prometo un salto espectacular de la tierra al Paraíso,
sin el paso intermedio que saben.

Al Cielo todos; vengan al Cielo navegando en la pureza no sólo del
cuerpo, sino más y más en la pureza del Amor divino.

CM-63 22-Abr-97 Jesús

1 comentario:

Zach dijo...

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