Jesús pronuncia sus últimas palabras

Hija Mía, has oído y has visto Mis sufrimientos, acompáñame hasta
el fin y comparte Mi dolor.

Ya está enarbolada Mi Cruz. ¡He aquí la hora de la Redención del
mundo!

Soy el espectáculo de burlas para la muchedumbre... pero también
de admiración y de amor por las almas. Esta Cruz, hasta ahora
instrumento de suplicio, donde expiraban los criminales va a ser, en
adelante, la luz y la paz del mundo.

En Mis Sagradas Escrituras encontrarán los pecadores el perdón y la
vida. ¡Mi Sangre lavará y borrará las manchas de sus pecados!
¡En Mis Sagradas Llagas vendrán las almas puras, a refrigerarse y
abrasarse en Mi amor! En ellas se refugiarán y fijarán para siempre su
morada.

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen, no han conocido al
que es su vida... Han descargado sobre él todo el furor de sus
iniquidades. Mas Yo te lo ruego, ¡oh, Padre Mío!, descarga sobre ellas la
fuerza de Tu Misericordia.

Hoy estarás Conmigo en el Paraíso, porque tu fe en la Misericordia
de tu Salvador ha borrado tus crímenes... Ella te conduce a la vida eterna.
Mujer, ¡He ahí a Tu Hijo!... Madre Mía, ¡he ahí a Mis hermanos!
Guárdalos, ámalos... no están solos.

¡Oh!, ustedes, por quienes He dado Mi vida Tienen ahora una Madre
a la que pueden recurrir en todas sus necesidades. Los He unido a todos
con los más estrechos lazos al darles Mi propia Madre.
El alma tiene ya derecho a decir a su Dios: ¿Por qué Me Has
abandonado? En efecto, después de consumado el misterio de la
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Redención, el hombre ha vuelto a ser hijo de Dios, hermano de
Jesucristo, heredero de la vida eterna...

Oh, Padre Mío... Tengo sed de Tu Gloria... y he aquí que ha llegado
la hora... En adelante, realizándose Mis palabras, el mundo conocerá que
Tú eres el que Me enviaste y serás glorificado.

Tengo sed de Tu Gloria. Tengo sed de almas... y para refrigerar esta
sed, He derramado hasta la última gota de Mi Sangre. Por eso puedo
decir: Todo está consumado. Ahora se ha cumplido el gran misterio de
Amor por el cual Dios entregó al mundo a Su propio Hijo, para devolver
al hombre la Vida... Vine al mundo para hacer Tu Voluntad, oh Padre
Mío. ¡Ya está cumplida!

A Vos entrego Mi alma. Así las almas que cumplen Mi Voluntad
podrán decir con verdad: “Todo está consumado…“ Señor Mío y Dios
Mío, recibe Mi alma... la pongo en Tus amadas manos.

Por las almas agonizantes ofrecí al Padre Mi muerte, y ellas tendrán
la Vida. En el último grito que lancé desde la Cruz, abracé a toda la
humanidad pasada, presente y futura; el espasmo lacerante con el cual
Me desprendí de la tierra, fue acogido por Mi Padre con infinito Amor y
todo el Cielo exultó por El, porque Mi Humanidad entraba en la Gloria.

En el mismo instante en el cual entregué Mi Espíritu, una multitud de
almas se encontró Conmigo: quien me deseaba desde hacía siglos y
siglos, quien desde hace pocos meses, o días, pero todos intensamente.
Pues bien, esta sola alegría bastó para todas las penas sufridas por Mí.
Deben saber que en memoria de aquel encuentro gozoso, Yo He
decidido asistir, y muchas veces hasta visiblemente, a los moribundos.
Otorgo a estos la salvación, para honrar a los que tan amorosamente Me
acogieron en el Cielo. Así, oren por estos moribundos porque Yo los amo
mucho. Cuantas veces hagan el ofrecimiento del último grito que lancé al
Padre serán escuchados; porque por él se Me conceden muchísimas
almas.

Fue un momento de gozo, cuando se presentó a Mí toda la Corte
Celestial que, compacta y vibrante, esperaba Mi muerte. Pero entre todas
las almas que Me rodeaban, una estaba particularmente albo-rozada;
tanto que centellaba de gozo, de amor... Era José quién, más que ningún
otro, entendía qué gloria había adquirido después de tan acerbas luchas.
El condujo a todas las almas que esperaban por Mí; a él se le concedió ser
el primer Embajador Mío en el Limbo. Los Angeles, en cada orden, Me
rindieron honor de modo que Mi Huma-nidad, ya resplandeciente, fue
circundada de innumerables Santos que Me adoraban y exaltaban.
Hijos Míos, no hay cruces gloriosas en la tierra, están todas envueltas
en misterio, en tinieblas, en exasperación. En misterio, porque no la
entienden; en tinieblas, porque ofuscan la mente, porque golpean
justamente en lugares donde no se querrá ser golpeado.

No se lamenten, no se retarden; les digo Yo, que llevé no solo la Cruz
de madera que Me condujo a la Gloria sino, sobre todo, aquella Cruz
invisible pero permanente, que estaba formada por las cruces de sus
pecados. Sí, y de sus sufrimientos. Todo lo que ustedes sufren fue objeto
de Mis penas, puesto que no sufrí solamente para darles la Redención,
sino también por lo que ustedes deben sufrir ahora. Miren el amor que
me une a ustedes; en ello tengan la confirmación de Mi Santo Querer y
únanse a Mí, observando cómo Yo Me comporté entre ilimitadas
amarguras.

He tomado como símbolo un madero, una cruz. Lo He llevado, con
gran amor, por el bien de todos. He sufrido verdadera aflicción, para que
todos pudiesen alegrarse en Mí. Pero hoy, ¿cuántos creen en el que
verdaderamente los amó y los ama?... Contémplenme en la imagen del
Cristo que llora y sangra. Allí y así, Me tiene el mundo.

Mensajes de Nuestro Señor Jesús a Catalina Rivas, "La Pasión" El Señor

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