Jesús nos enseña sobre el sacrificio y la oración

Hija Mía, quiero enseñarte a salvar las almas con el sacrificio y la oración.

Con la oración y el sacrificio salvarás mas almas que un misionero sólo a través de predicas y sermones. Quiero ver en ti una ofrenda de amor vivo, ya que sólo entonces tiene el poder frente a Mí. Tienes que ser aniquilada, destruida, vivir como si estuvieras muerta en tu esencia más secreta. Tienes que ser destruida en este rinconcito secreto donde el ojo humano no llega nunca y entonces serás para Mi una ofrenda agradable, un holocausto, lleno de dulzura y perfume y tu fuerza será potente cuando intercedas por alguien.

Por fuera tu sacrificio debe ser: escondido, silencioso, impregnado de amor, saturado de oración. Exijo de ti, hija Mía, que tu sacrificio sea puro y lleno de humildad para que pueda complacerme en él. No te escatimaré Mi gracia para que puedas cumplir lo que exijo de ti.

Ahora te instruiré en qué consistirá este holocausto en la vida cotidiana para preservarte de
las ilusiones. Aceptarás con amor todos los sufrimientos; no te aflijas si muchas veces tu corazón
siente repugnancia y aversión por este sacrificio. Todo su poder está encerrado en la voluntad, por lo tanto los sentimientos contrarios no sólo no disminuyen este sacrificio a Mis ojos, sino que lo hacen más grande.

Has de saber que tu cuerpo y tu alma estarán a menudo en el fuego. Aunque en algunas horas no Me sientas, pero Yo estaré junto a ti.

No tengas miedo, Mi gracia estará contigo…. (Diario Santa Faustina 1767)

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